Diez dias de Cooperacion en Senegal (III)

Tercera y ultima parte de las experiencias de una cooperante en Senegal.

Más tarde conocí la historia de Ansata o Astu, es muy normal que en Senegal la gente cambie sus nombres y los acorten. Astu tampoco nació en Sam Sam. Ella vivía en un pueblecito cercano a Dakar, pero cuando su padre murió, su madre no podía hacerse cargo de ella y se la entregó a su cuñado que vivía en Sam Sam. De esta manera, llegó al barrio. Astu tiene 27, no está casada y tampoco quiere casarse hasta que no pueda mantenerse. Es una mujer muy inteligente y con una mentalidad muy abierta, teniendo en cuenta el mundo en el que vive. Ella actualmente es una de las monitoras del colegio Kalasans. Sin embargo, cuando Astu llegó al barrio, sus comienzos no fueron tan fáciles. Se encontró con que tenía que hacerse cargo de la casa de su tío, quien vivía con su mujer y sus cuatro hijos varones. El tío de Astu, al que ella automáticamente pasa a llamar padre una vez que va a vivir con él, algo muy normal en Senegal, es biólogo y profesor en la universidad de Dakar. Todos sus primos o hermanos han podido cursar estudios superiores y todos ellos trabajan. Pero cuando Astu llegó al barrio, no sabía que hacer, sólo trabajaba e iba a estudiar costura a Dakar. Su jornada comenzaba a las 5 de la madrugada cuando se levantaba y marchaba a la capital a estudiar. Regresaba al barrio a la hora de la comida y tenía que cocinar para toda la familia. Cuando terminaba de recoger y limpiar, iba al colegio a trabajar. Su situación era complicada porque ella estaba estudiando y trabajando, privilegio que no todo el mundo tiene en Senegal y menos aún siendo mujer, pero su jornada era agotadora. Todo cambió gracias a Regina y a la mentalidad abierta de su tío, que hizo posible que Astu se fuera a estudiar a Camerún, donde pasó dos años aprendiendo inglés y formándose en costura, corte y confección. La historia de Astu es muy complicada, sin embargo, es una mujer privilegiada, teniendo en cuenta las condiciones en las que se encuentran muchas mujeres en Senegal. No todas pueden estudiar, muchas se casan siendo las segundas o incluso terceras o cuartas esposas para cuidar a los hijos de sus maridos y atender la casa.

Lago Rosa

Muchas de estas jóvenes no han visto otra cosa, sólo Sam Sam, pero son conscientes de que hay más, de que hay un lugar donde pueden trabajar y conseguir el dinero que les permita mantenerse a ellas mismas y a sus futuras familias. Sin embargo saben que de momento, conseguirlo en su país o fuera de él, es sólo un sueño.

Nuestros diez días transcurrieron con las chicas, aprendiendo mucho de ellas. Aunque también tuvimos la suerte de visitar algunas zonas del país, conducidas por El J-Hadji, el taxita que acompaña a Regina a “todos lados”. Sin él, como bien dice la misionera, no podría llegar a “ningún sitio”. Gracias a Falu, como le gustaba que le llamaran, un hombre culto e inteligente, conocimos Dakar, el lago Rosa, la isla de Ngor, la isla de Goree y la ciudad de Thyes, muy diferente a la capital.

Se cumplieron los diez días y se terminó nuestra estancia en el barrio y en Senegal. Ya nos tenemos que marchar, hemos aprendido tanto… Hemos visitado las casas de algunas de las alumnas, hemos conocido a sus familias y sus historias. Son gente agradable, amable, muy cariñosa y con muchas ganas de conocer.

El último día llegó, las chicas nos hacen una fiesta de despedida, cantan, bailan y quieren que bailemos como ellas, algo bastante difícil. Nos dan abrazos y nos dicen que esperan volver a vernos en Senegal o, entre risas, dicen que en España. Esperan nuestras cartas y las fotos que les hemos sacado ¡les encantan las fotos! Volvemos a hacer el mismo trayecto de vuelta al Aeropuerto, dejamos Sam Sam III y la carretera mejor construida del país. Adiós Senegal, hasta la vista y gracias.