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En el Día Universal del Niño y 20 aniversario de la aprobación de la Convención sobre los Derechos de la Infancia, la situación en la que viven los niños y niñas en los países empobrecidos reclama mayores esfuerzos por parte de los estados para garantizar que se cumplan los derechos de la infancia.

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La realidad y estadísticas son demoledoras: 24 millones de niños sin registrar sólo en Asia Meridional, 72 millones de niños en edad escolar primaria que no acuden a la escuela, 246 millones de niños y niñas explotados laboralmente, o 178 millones de niños en los países en desarrollo con retraso en el crecimiento debido a la desnutrición crónica y una dieta de baja calidad.

La falta de recursos financieros en los países en vías de desarrollo, unido a la falta de voluntades políticas, dificulta que se garanticen los derechos sociales básicos de los niños y niñas. Además, difícilmente pueden darse las condiciones necesarias para que se cumplan estos derechos en sociedades de escasa tradición democrática como ocurre en algunos de estos países.

La Convención recoge en sus 54 artículos el derecho de la infancia a la supervivencia; al desarrollo pleno; a la protección contra influencias peligrosas, los malos tratos y la explotación; así como a la plena participación en la vida, familiar, cultural y social. Sin embargo, todavía hoy, y a pesar de los esfuerzos, ser niño en un país empobrecido es quedar relegado, en la mayoría de los casos, a una existencia sin esperanzas reales de recibir una educación de calidad y buena alimentación, gozar de buena salud, y menos aún de disfrutar de espacios para la recreación y la cultura.

A pesar de que todos los estados del mundo han ratificado la Convención sobre los Derechos de la Infancia, a excepción de Somalia y Estados Unidos (aunque sí la han firmado), no se ha aprovechado plenamente su potencial. Desde hace dos décadas la convención brinda una ocasión única para apostar por un cambio profundo de la realidad de los niños y su entorno, invitando a los gobiernos a llevar a cabo políticas sociales que sitúen al niño en el corazón de las prioridades. Urge que los estados amplíen esfuerzos para que los derechos económicos, sociales y culturales de los niños empiecen a ser la realidad de la mayoría.

De acuerdo con lo establecido en el marco de la Convención sobre los Derechos de la Infancia, Intervida defiende los derechos de los niños y niñas desde los proyectos de cooperación en los que trabaja en África, América Latina y Asia.

Para la organización son prioritarios el derecho a una educación de calidad, el derecho a existir y, por supuesto, la acción para que se produzca el cambio. Por ello trabaja en aquellos lugares donde las vidas de los niños se ven amenazadas por lacras como el trabajo infantil, la explotación sexual y otras violaciones a los derechos humanos; así como en el norte para prevenir, sensibilizar y denunciar ante la sociedad la vulneración de los derechos de la niñez que suponen las peores formas de explotación infantil.

Sobre la Convención
La Convención sobre los Derechos del Niño fue aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989 y entró en vigor el 2 de septiembre de 1990. En España comenzó su vigencia el 5 de noviembre de 1992.

Todos los países del mundo han firmado la Convención de los Derechos del Niño y sólo Somalia y Estados Unidos no la han ratificado. Se trata del primer tratado vinculante de derecho internacional que reunió derechos civiles y políticos con derechos sociales, económicos y culturales, y el primer texto que reconoció a los niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho desde su nacimiento.

Hasta su aprobación por Naciones Unidas, los derechos de los niños estaban recogidos en la Declaración de Ginebra, promulgada en 1924 por la Unión Internacional para la protección de la infancia, y la Declaración de los Derechos del Niño, adoptada en 1959 por unanimidad en la Asamblea General de Naciones Unidas.